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lunes, 6 de junio de 2016


El 21 de julio de 1798 durante la campaña de Egipto, tras la conquista de Alejandría Napoleón iba en dirección a la toma de El Cairo, cuando estando cerca de las pirámides de Guiza, la expedición francesa se encontró con las fuerzas de los Mamelucos. Para arengar a sus desanimadas tropas Napoleón les dio un discurso que empezaba con la famosa frase "¡Soldados! ¡desde lo alto de estas pirámides cuarenta siglos de historia os contemplan!...", pero no es verdad

No existe ningún escrito de los biógrafos de la expedición e historiadores franceses antes de 1815 que dejen constancia de dicha frase a pesar del empeño en recabar cualquier cita de Napoleón. Durante el primer destierro del Emperador en la isla italiana de Elba, en una de las fiestas de la "corte" de la isla en la que un adulador que narraba las azañas de la campaña de Egipto quien adornando mucho lo sucedido otorgó dicha frase a Napoleón, él cual al escucharla interrumpió al narrador diciendo "muy buena frase para haberla dicho yo". De hecho le gustó tanto dicha frase a Bonaparte que mandó pintar un cuadro en el que se le viera en Guiza arengando a las tropas, el cual nunca de llegó a realizar

viernes, 3 de junio de 2016


Herón de Alejandría uno de los científicos e inventores más grande de la historia, fue todo un adelantado a su tiempo, siglo I d.C.  Desarrolló casi toda su obra en la provincia romana de Egipto, concretamente en el Musaeum (museo) anexo a la Biblioteca de Alejandría, inventando y creando más de ochenta aparatos mecánicos tales como la primera bomba de agua para apagar incendios, sistema de apertura y cierre de puertas, la primera jeringa, autómatas autorregulados capaces de tomar decisiones y la primera máquina expendedora.

La primera máquina expendedora de la historia se empleaba para dispensar agua bendita en los templos. Se trataba de un mecanismo muy sencillo, pero que hacía perfectamente su labor. Funcionaba con una moneda de dos dracmas que se introducía en la ranura (A) para luego caer sobre la plataforma (R), que se deslizaba hacia abajo por el peso de la moneda. Así, el cable (P) se elevaba y destapaba un tapón (G), que dejaba caer el agua en el vaso del devoto fiel. La moneda que había caído sobre la plataforma (R), iba poco a poco resbalando hasta caer en el fondo. En ese instante, se producía el proceso inverso: la plataforma volvía a su sitio y empujaba el cable (P) que volvía a cerrar el tapón.

No fue hasta 1883 no se volvió a crear una máquina expendedora que funcionase y fuese económicamente viable. Fue en Londres y vendía tarjetas postales. Así que la próxima vez que saques un refresco, una chocolatina o un condón de una máquina expendedora, recuerda que hace más de 2000 años que la creo Herón de Alejandría

martes, 31 de mayo de 2016




El 4 de noviembre de 1922 un niño egipcio llamado Husein Abdel Rasul encontró por casualidad mientras llevaba agua a los arqueólogos del "Valle de los Reyes" el primer escalón semidescubierto de la escalinata que llevaba a la tumba KV62, donde se hallaba la sepultura de Tut-anj-Amón, más conocido como Tutankamon. El arqueólogo Howard Carter se percató enseguida del escalón que había descubierto Husein y empezó a despejar la zona de arena, consiguiendo así que la historia lo recuerde como el descubridor de la tumba del "Faraón niño" justo antes de que se le acabara los fondos que financiaba su expedición.

Entre las vendas de la momia del Faraón se hallaron dos dagas, una de oro puro junto a otra de hierro en el muslo derecho del monarca, aunque durante los primeros años desde el descubrimiento la daga de hierro no llamó la atención excesivamente de los egiptólogos de la primera mitad del siglo XX, dado a que la consideraban hecha de un metal común con decoración escasa y de aspecto utilitario. Pero los antiguos egipcios consideraban el hierro un metal mucho más valioso que el oro, ya que, no disponían de minas por lo que era muy escaso, además no habían desarrollado técnicas de forjado de dicho metal a diferencia de otras culturas de la antigüedad.

Tras diferentes estudios y análisis de varias universidades Italianas y Egipcias se llegó a la conclusión que dicha daga era de origen extraterrestre, venía del cielo, concretamente de hierro meteorítico. A través de un análisis utilizando la técnica de fluorescencia con rayos X, el equipo internacional de investigadores ha confirmado que la composición del hierro de dicha daga tiene porcentajes de concentraciones de cobalto y níquel que no se encuentra en el hierro terrestre y se asemeja más al hierro procedente de meteoritos. "Las piezas sugieren que los antiguos egipcios atribuyeron un gran valor a este tipo de hierro para la producción de finos objetos decorativos y ceremoniales hasta el siglo XIV a.C.", indica el estudio que califica la daga de Tutankamón de "éxito de la forja de hierro" a orillas del Nilo. Unas pesquisas que abren la puerta a nuevos interrogantes sobre el simbolismo de las armas hechas de hierro meteorítico; como la leyenda de la antigua Roma sobre la espada de hierro del dios Marte que cayó de los cielos envuelta en fuego.