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viernes, 10 de junio de 2016


En el actual estado mexicano de Chiapas, se encuentra la antigua ciudad precolombina de Palenque, la cual se haya rodeada por una selva tropical muy abrupta y escarpadas montañas que han sido perfiladas por decenas de ríos y cataratas cristalinas. Debido a esto apenas ha podido recuperarse un 10% de ésta ciudad maya, la cual vivió su máximo esplendor sobre el siglo VII llegando a albergar decenas de templos, palacios, estelas y edificios ceremoniales, estando la mayoría aún por descubrir.

En 1949 el arqueólogo Alberto Ruz inició las investigaciones arqueológicas en Palenque, centrando sus esfuerzos en la pirámide de las Inscripciones, donde según la mitología maya estaba enterrado el dios Pakal. Tras tres años de trabajos y retirar unas 400 toneladas de escombros halló una losa triangular de piedra que ocultaba una cámara secreta a unos 25 metros de profundidad, y lo que encontró en su interior cambió para siempre los conceptos de los historiadores que investigan el pasado maya.

Se trataba de la mítica tumba del dios Pakal, la cual se hallaba bajo una lápida de piedra de unas 25 toneladas que presentaba un bajo relieve rico en simbolismos, dicho bajo relieve se ha interpretado que representa a Pakal sentado en los controles de una nave espacial, sus manos parecen que controlan dichos mandos y de la nave surgen una serie de fogonazos que indican que el personaje allí sentado inicia un viaje espacial. Tal y como se representa en la imagen superior. Aunque como todo aquello de la antigüedad que representa posibles encuentros con seres que viajan por el espacio, tiene otra versión más ortodoxa la cual dice que es una representación del Monstruo de la Tierra sobre el cual el dios Pakal inicia una vez muerto su viaje desde el reino del inframundo al mundo superior.

Pero sí espectacular es la lápida, más lo era lo que se halló en su interior. Alberto Ruz encontró el esqueleto del dios Pakal el cual estaba cubierto con más de 900 piedras preciosas y tenía una mascara que cubría su rostro hecha en jade. Se especula que Pakal sería en realidad un sacerdote que fue deificado por los mayas, basándose en que dicho esqueleto mide unos 173 cm, unos 30 cm más alto que la la altura media de los maya, lo cual hacía verlo como un gigante. Aunque muchos arqueólogos piensan que esta diferencia tan notable de altura se debe a que Pakal era de otro mundo.

Pakal vivió del año 631 al 683, nueve años después de su muerte fue enterrado en el templo de las Inscripciones, entre dichas inscripciones se encontró una profética; "el cuerpo de Pakal sería sacado a la luz 60 años antes de que finalizara el ciclo maya del quinto Sol", dicho ciclo finalizaba en 2012. Fue en 1952 cuando Alberto Ruz descubrió su cuerpo rodeado de jade, por tanto Pakal acertó en su profecía. Respecto el origen extraterrestre o no del dios maya, cada cual que saque sus conclusiones.

martes, 31 de mayo de 2016




El 4 de noviembre de 1922 un niño egipcio llamado Husein Abdel Rasul encontró por casualidad mientras llevaba agua a los arqueólogos del "Valle de los Reyes" el primer escalón semidescubierto de la escalinata que llevaba a la tumba KV62, donde se hallaba la sepultura de Tut-anj-Amón, más conocido como Tutankamon. El arqueólogo Howard Carter se percató enseguida del escalón que había descubierto Husein y empezó a despejar la zona de arena, consiguiendo así que la historia lo recuerde como el descubridor de la tumba del "Faraón niño" justo antes de que se le acabara los fondos que financiaba su expedición.

Entre las vendas de la momia del Faraón se hallaron dos dagas, una de oro puro junto a otra de hierro en el muslo derecho del monarca, aunque durante los primeros años desde el descubrimiento la daga de hierro no llamó la atención excesivamente de los egiptólogos de la primera mitad del siglo XX, dado a que la consideraban hecha de un metal común con decoración escasa y de aspecto utilitario. Pero los antiguos egipcios consideraban el hierro un metal mucho más valioso que el oro, ya que, no disponían de minas por lo que era muy escaso, además no habían desarrollado técnicas de forjado de dicho metal a diferencia de otras culturas de la antigüedad.

Tras diferentes estudios y análisis de varias universidades Italianas y Egipcias se llegó a la conclusión que dicha daga era de origen extraterrestre, venía del cielo, concretamente de hierro meteorítico. A través de un análisis utilizando la técnica de fluorescencia con rayos X, el equipo internacional de investigadores ha confirmado que la composición del hierro de dicha daga tiene porcentajes de concentraciones de cobalto y níquel que no se encuentra en el hierro terrestre y se asemeja más al hierro procedente de meteoritos. "Las piezas sugieren que los antiguos egipcios atribuyeron un gran valor a este tipo de hierro para la producción de finos objetos decorativos y ceremoniales hasta el siglo XIV a.C.", indica el estudio que califica la daga de Tutankamón de "éxito de la forja de hierro" a orillas del Nilo. Unas pesquisas que abren la puerta a nuevos interrogantes sobre el simbolismo de las armas hechas de hierro meteorítico; como la leyenda de la antigua Roma sobre la espada de hierro del dios Marte que cayó de los cielos envuelta en fuego.